martes, enero 19, 2016

Crónica de un Encuentro en el Museo, enero 2016

¿Logrará adaptarse un habitante de una megalópolis de clima subtropical al frío extremo invernal, largas noches y escasez de vecinos de un reducido poblado de la precordillera patagónica? En esas condiciones ¿cuál sería la profesión u oficio más adecuado para sobrevivir sin angustias económicas? ¿Cuál es la diferencia esencial entre un libro testimonial, uno de ensayo y uno de teoría? ¿Es posible que en los coros de las cárceles masculinas bonaerenses exista un sector de sopranos? ¿Cuál es el mecanismo físico para lograr una imagen invertida con sólo una caja de zapatos, una birome y un trocito de papel de calcar? ¿Es determinante la incidencia del factor tránsito bocinglero en el imprescindible reposo nocturno?  ¿Cuáles son los verdaderos países escandinavos: lo son Islandia y Finlandia? ¿Qué relación tiene el cine de Roman Polanski con el desempeño en el juego del tenista Gastón Gaudio? ¿Mejoró internet la comunicación intergeneracional, pudieron los abuelos absorber las transformaciones tecnológícas del siglo XX? Interrogantes y más interrogantes en lógico desorden incoherente sobrevolaron la aturrullada mesa de los beceros.

Neutralizados los designios perturbadores de los malvones en flor, los decididos asistentes al Encuentro de enero 2016 acomodaron su humanidad en los transportes que los acercarían a Simik.

Vitrinas de alturas irregulares fragmentan el espacio, lo articulan, organizan el trabajo de los mozos,  acomodan la distribución de las mesas, colaboran en la circulación de la clientela. Cámaras, proyectores de cine antiquísimos, cajones fotográficos del siglo XIX, cámaras de gran formato de inicios del XX, cantidades de variada marca y modelo de las décadas del `20 al `60, cámaras modernas semiautomáticas de bajo costo de los ochenta y noventa, pequeñas cámaras subacuáticas, todas exhibidas en estantes interiores de las vitrinas, sobre ellas, en repisas, como decoración en el buche de las mesas vistas a través del vidrio donde nos apoyamos nosotros, los libros y las consumiciones. Ése fue el ámbito que nos cobijó y sin embargo pudo generar sensaciones o reacciones tan opuestas según el arbitrio emocional por el cual uno sintió el deseo de expresar lo acogedor del lugar para de inmediato ser refutado de modo lacónico por otra voz que expresó sentirse rodeada de basura cuyo mejor destino sería el tacho. Juajua, la curiosa fortuna de la diversidad que permite tener opiniones dispares sobre lecturas comunes. Sabrosa materia de aprendizaje en esas miradas constitutivas de la realidad global.

El arribo entre los primeros fue tan coincidente que apenas segundos nos separaron en el ingreso al bar. Lo ejemplifica la foto que tomé mientras cruzaba Federico Lacroze. Me detuve un instante en medio de la avenida a tomar la imagen y al subirla al álbum de los sitios de reunión, descubrí que aparece en la vereda llegando una de nuestras históricas participantes. https://es.pinterest.com/akahigen/bares-habituales-de-encuentros/

Sucedió minutos después de las 19:30 horas y dentro ya estaba en espera niki-niki con carita de “¿se decidirán a sentarse o me dejarán solita?” mientras siluvana iba y venía por el local buscando una ubicación junto a una ventana.  En una mesa contigua un cuarteto de personas estudiaba o aprendía el funcionamiento de una voluminosa cámara del 1900 con fuelle y rieles para enfoque. De allí nuestra moza sustrajo la tercer mesa para recibir a los siguientes liberadores: mycolorbuttons y nahirbengoe.  Los libros iban acumulándose a raudales y ocultaban casi en su totalidad las cámaras bajo los vidrios.
A las 20:30 horas llegó quien sería la última participante: normarisso, con una docena de libros en su bolso. Como si de un equipo de baloncesto se tratase, se produjo un cambio de posiciones, antes de sentarse Norma le cede su lugar niki-niki que se retiraba, entre otras cosas sorprendida por la demostración de cuánto de "Memento" es capaz de cultivar akahige-nide .  Fuimos seis aunque la mesa haya sido compartida como máximo por cinco. 

Y ahí sí, pizza, cerveza patagónica con sabor a pimienta, luego cerveza de marca alemana, ya había circulado tostado, gaseosa… el promedio de libros por persona muy alto, hubo en total poco más de 40, no todos anunciados en la ventana “ir de caza” pues algunos se hicieron por el mecanismo “liberación controlada” aunque quizás se los haya terminado llevando nuestra camarera o un trabajador que preparaba un futuro espectáculo musical con su iluminación. De todas esas liberaciones y cacerías en días subsiguientes, pregunto: ¿alguien los vio aparecer en el mapa de libros, el planisferio? Hummm….

La partida de siluvana una hora más tarde nos dejó a mycolorbuttons, normarisso, nahirbengoe y akahige-nide trenzados en largas y entreveradas conversaciones cuya finalización se produjo recién a las 23:15 horas cuando nos sugirieron de buen modo que cerrarían. Así que pagamos, repartimos entre los ya citados trabajadores, dos libros perezosos y marchamos al exterior donde sacamos un par de fotos más.  Y la charla continuó durante dos cuadras por las veredas de Chacarita. La despedida final se concretó a las 23:45. 


¿Cómo lo vivió el resto de mis compañeros?




1 comentario:

Mariana Romano dijo...

A pesar de haber estado a 700 km en el momento de la reunión, con este relato parece que hubiera estado allí. Excelente crónica, y evidentemente la pasaron muy bien.